El Instituto Nacional del Cáncer



El Pregonero

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Tener cáncer en este país se puede convertir en una sentencia de muerte, el tratamiento es tan, pero tan costoso, que aún teniendo seguro, el monto del mismo, la mayoría de las veces no da para cubrir los gastos totales del tratamiento.

Hablamos de facturas mensuales de cientos de miles pesos, alimentación especial y, una serie de gastos alternos que trastornan la vida del enfermo y de sus familias, que pasan de clase media a pobre y si son pobres, a la indigencia en tiempo récord.

Hay un sitio en el país que se ocupa de aquellos que no pueden optar por cubrir sus gastos sencillamente porque no pueden: el Instituto Nacional del Cáncer, Rosa Emilia de Taveras (INCART) y es increible, un solo hospital para todo un país, vive saturado, sin embargo, es de todos sabido la calidad de los servicios allí ofrecidos y la calidad humana de los profesionales que allí trabajan.

No se puede entender la intentona que según diputados entre los que se encuentran la popular merenguera, Juliana O’Neal, existe de privatizar o entregar a un patronato un hospital que funciona y lo hace bien.

El sector privado cuando invierte lo hace para sacar beneficios, la salud, como el transporte y otros servicios, es deficitario y lo es porque los derechos fundamentales no deben de estar supeditados a los veleidades del mercado y la búsqueda legítima de beneficios de aquellos que invierten en un negocio, por eso, casi siempre es mejor que estos rubros los asuma el Estado, sabemos que no es la «receta» internacional que «estudios» financiados, sabrá Dios, por quienes indican otra cosa, pero no hay que ir muy lejos, solo hay que darse una vueltecita por la Plaza de la Salud y el Homs en Santiago para saber lo bien que les va a los dominicanos con esos «patronatos», aunque no podemos negar claro está la calidad de los servicios que ofrecen.

¿Pero, que se puede esperar de un país que tiene una de las cifras más altas de fallecimiento de cáncer mama, pero que no tiene unas estadísticas reales de cuántos enfermos existen ni de esa enfermedad ni de otras?  ¿Cómo se crean políticas públicas eficientes cuando el problema no se mide? ¿Cuáles intereses están detrás del negocio de la salud? ¿No es suficiente con el cártel de las ARS? ¿No hay un límite para la voracidad?

¡Hasta Cuándo! 

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